Jorge Luis Borges, 
considerado uno de los mayores escritores de habla hispana, fue traducido a numerosos idiomas y suscitó innumerables estudios críticos y académicos. Se ha instituido la Fundación Internacional Jorge Luis Borges y el auditorio de la Biblioteca Nacional ]de Buenos Aires lleva su nombre., por esta razon decidi acerlo un pequeño homenaje mostrando un poco su vida...


Primeros días (1899 -1913)
Nace a los ocho meses de gestación, el 24 de agosto de 1899, en la calle Tucumán 840, en una típica casa de la época con patio y aljibe, dos elementos que se repetirán como un eco en sus poesías. Pero su infancia transcurrió al norte de su casa natal, en la calle Serrano 2135 del barrio de Palermo. A los cuatro años ya sabía leer y escribir. En 1905 comienza sus primeras lecciones con la institutriz británica Miss Tink. Al año siguiente escribe su primer relato, La visera fatal, siguiendo páginas del Quijote, y también, esboza en inglés un breve ensayo sobre mitología griega. En 1908 traduce del inglés El príncipe feliz, de Oscar Wilde, al que firma Jorge Borges (h) y que se publica en el periódico El País. En Palermo conoce las andanzas de los compadritos que después poblaron sus ficciones. En esa época, Palermo era un barrio marginal de inmigrantes y cuchilleros. Borges ingresa en la primaria en cuarto grado, donde soporta las burlas de sus compañeros debido a sus lentes y el cuello y la corbata estilo Eton con que lo envíaban a clase. Por esta época la familia pasa sus vacaciones de verano en Adrogué o en casa de unos familiares uruguayos, los Haedo.


Padre de borges

Europa (1914 - 1920)
En 1914 su padre, por problemas de la vista, se jubila como profesor y, junto con la familia, marcha a Europa para un tratamiento oftalmológico especial. Para refugiarse de la Primera Guerra Mundial se establecen en Ginebra, donde el joven Borges estudia francés y cursa el bachillerato en el Lycée Jean Clavin. Lee preferente a los prosistas del realismo francés y a los poetas del expresionismo y del simbolismo, especialmente a Rimbaud. A la vez, descubre a Schopenhauer, a Nietzsche, a Carlyle y a Chesterton. Solo con un diccionario "se enseña" alemán y escribe sus primeros versos en francés. En 1919, gracias al fin de las hostilidades y después del fallecimiento de la abuela materna, Borges marcha a España. En Palma de Mallorca escribe dos libros que no publica: Los ritmos rojos, poemas de elogio a la Revolución Rusa, y Los naipes del tahúr, un libro de cuentos. En Madrid y en Sevilla participa del movimiento literario ultraísta que luego encabezaría en Argentina. Colabora con poemas y la crítica literaria en las revistas Ultra, Grecia, Cervantes, Hélices y Cosmópolis. Publica su primer poema conocido, Al mar. Conoce a su futuro cuñado, Guillermo de Torre, y a los principales escritores españoles de la época: Rafael Cansinos-Assens (a quien frecuentaba en el famoso Café Colonial y a quien consideró su maestro), a Ramón Gómez de la Serna, a Valle Inclán y a Gerardo Diego.

Vuelta al país (1921 - 1923)
En 1921 regresa con sus padres y su hermana Norah a Argentina. El contacto con Buenos Aires lleva al poeta a una relación exaltada, de "descubrimiento" con su ciudad natal y de los suburbios porteños. Así, comienza a dar forma, en sus primeros libros de poesía, a la mitificación de los barrios suburbanos, donde asentará parte de su constante idealización de lo real. Convoca a un grupo de amigos con su misma inclinación vanguardista: el primo Guillermo Juan, Eduardo Gonzáles Lanuza, Norah Lange y Francisco Piñero. Brocha en mano, estampan de noche por las calles céntricas la renovadora palabra ultraísmo. Borges empieza a colaborar en numerosas revistas literarias y periódicos. También, conoce al escritor, filósofo de la paradoja y humorista surreal Macedonio Fernández, a quien sigue con devoción juvenil en la tertulia que éste dirige. Publica en la revista Nosotros un manifiesto ultraísta. Funda, junto con otros escritores, la revista Prisma. En 1922 funda la segunda época de la revista Proa, con Macedonio Fernández y sus otros amigos, abandona paulatinamente esta estética. Sólo salen 3 números de esta revista pero allí se consolida su admiración por Macedonio, el cual lo atraía con su pausada e inteligente conversación, su humor metafísico y sus convicciones idealistas. A los 24 años, Borges edita su primer libro: Fervor de Buenos Aires.

1925
Después de otro año en España, publica en Buenos Aires su poemario Luna de enfrente y su primer libro de ensayos, Inquisiciones (que jamás reeditará). Colabora en el periódico Martín Fierro y conoce a su mecenas, Victoria Ocampo.


1926
Publica el libro de ensayos El tamaño de mi esperanza (que tampoco se reeditaría hasta 1993, cuando —póstumamente— volvió a la luz) y la antología Índice de la poesía americana.


1927
Aparece en el periódico Martín Fierro la primera versión de Hombres que pelearon, que luego se llamará Hombre de la esquina rosada.


1928
Apoya la reelección de Hipólito Yrigoyen y publica el ensayo El idioma de los argentinos. Su hermana Norah se casa con Guillermo de Torre.

1929
Da a conocer su tercer libro de poemas, Cuaderno San Martín, con el que gana el segundo Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires.

1930
En el año en que se produce el primer golpe militar argentino del siglo XX a manos del general Uriburu, Borges publica el ensayo Evaristo Carriego y prologa una exposición del pintor uruguayo Pedro Figari. Además, conoce al que luego será su amigo y colaborador Adolfo Bioy Casares, un joven de 17 años que escribe.



1931
Aparece la revista Sur.


1932
Publica la colección de ensayos y crítica literaria Discusión, que abarca la poesía gauchesca, la cábala, temas filosóficos, el arte narrativo sy hasta su opinión sobre clásicos del cine. Comienza a dirigir, junto con Ulyses Petit de Murat, la 'Revista Multicolor de los Sábados', suplemento cultural del diario populista Crítica. Ese mismo año conoce a Adolfo Bioy Casares, su amigo más constante, con quien desarrollaría diversas actividades literarias y con quien publicaría numerosos textos


1935
Se edita su célebre Historia universal de la infamia, una serie de relatos breves, entre ellos, Hombre de la esquina rosada. AllÍ sigue interesado en el perfil mítico de Buenos Aires iniciado en Evaristo Carriego.


1936
Se publican los ensayos de Historia de la eternidad, donde —entre otros temas— el autor indaga sobre la metáfora. Ese mismo año, en la revista quincenal El Hogar, comienza a publicar la columna de crítica Libros y autores extranjeros (hasta 1939). Para la editorial Sur traduce A Room of One’s Own, de Virginia Woolf. Allí publicará quincenalmente gran cantidad de reseñas bibliográficas, biografías sintéticas de escritores y ensayos. Colabora en la revista Destiempo, editada por Adolfo Bioy Casares y Manuel Peyrou, con ilustraciones de Xul Solar.


1937
Publica Antología clásica de la literatura argentina y traduce otra novela de Virginia Woolf, Orlando, que también editará Sur.


1938
Con ayuda del poeta Francisco Luis Bernárdez, consigue un empleo en la biblioteca municipal Miguel Cané del barrio de Almagro. Allí cataloga libros y, en sus ratos libres, se dedica a leer y a escribir sus primeros cuentos. En este año también muere su padre de un ataque de hemiplejía. Después, el mismo Borges sufre un grave accidente, al golpearse la cabeza con una ventana, lo que lo lleva al borde de la muerte por septicemia y que, oníricamente, reflejará en su conocido cuento El sur. En la convalecencia escribe el cuento Pierre Menard, autor del Quijote. En parte por su caída, comienza a perder la vista.


1939
Aparece la primera traducción de Borges al francés, hecha por Néstor Ibarra.


1940
Se publica su Antología de literatura fantástica, escrita en colaboración con Bioy Casares y Silvina Ocampo, quienes ese mismo año contraen matrimonio, siendo Borges el testigo de su boda. Prologa además el libro de Bioy Casares, La invención de Morel.


1941
Publica Antología Poética Argentina. Edita el volumen de narraciones El jardín de senderos que se bifurcan (con el que gana el Premio Nacional de Literatura).


1942
Aparece Seis problemas para don Isidro Parodi, en colaboración con Bioy Casares. Lo firman bajo el seudónimo H. Bustos Domecq (este seudónimo proviene de Bustos, un bisabuelo cordobés de Borges, y Domecq, un bisabuelo de Bioy Casares)


1943
Bajo el título Poemas (1923-1943) reúne la labor poética de sus tres libros más los poemas publicados en el diario La Nación y en Sur. Presenta, junto con Bioy Casares, la antología Los mejores cuentos policiales. Para esta época, Borges ya había logrado un espacio en el reducido círculo de la vanguardia literaria argentina.


1944
Su obra Ficciones recibe de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) el Gran Premio de Honor. En sus páginas se halla Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, sobrecogedora e insuperable metáfora del mundo. También, conoce a Estela Canto, de quien se enamora sin ser correspondido; sin embargo, nace una estrecha relación amistosa que se prolongará por más de cuatro años.


1945
En colaboración con Silvina Bullrich publica El compadrito. Escribe el cuento El Aleph, que lo dedica a Estela Canto, regalándole el manuscrito que en 1985 fue vendido en más de 25 mil dólares a la Biblioteca Nacional de España. Se declara antiperonista.


1946
Con Bioy Casares, utilizando el seudónimo de B. Suárez Lynch, publican Un modelo para la muerte y, con el seudónimo de H. Bustos Domecq, Dos fantasías memorables, volumen de historias de suspenso policial. Borges aclara que 'Suárez' proviene de su abuelo y que 'Lynch' representa el lado irlandés de la familia de Bioy. Funda y dirige la revista Los Anales de Buenos Aires (que termina alcanzando 23 números en diciembre de 1948). Aquí Borges y Bioy colaboran con un nuevo seudónimo: 'B. Lynch Davis'. Mientras el país es gobernado por el general Juan Perón, Borges es obligado a renunciar a su empleo como bibliotecario al ser designado 'Inspector de mercados de aves de corral'. Su madre y su hermana, antiperonistas, son detenidas por la policía. Borges es llevado por la necesidad a convertirse en conferenciante itinerante por diversas provincias argentinas y Uruguay. Para ello, debe vencer su tartamudez con ayuda médica.


1947
Edita el ensayo Nueva refutación del tiempo.


1948
Publica sus Obras Escogidas.


1949
Se edita su célebre obra narrativa El aleph, libro de género fantástico y que para la crítica es casi unánimemente su mejor colección de relatos.


1950
Comienza su tarea docente enseñando literatura inglesa y la Sociedad Argentina de Escritores lo nombra presidente, cargo al que renunciará tres años más tarde. Dicta conferencias en la Universidad de Montevideo, donde aparece su ensayo Aspectos de la literatura gauchesca.



951
Se edita en París la primera traducción francesa de su narrativa (Fictions, traducido por P. Verdevoye) y Borges publica la serie de cuentos La muerte y la brújula y Antiguas literaturas germánicas.


1952
Aparecen los ensayos de Otras inquisiciones. Muere su amigo Macedonio Fernández y Borges despide sus restos. Reedita un ensayo sobre lingüística porteña titulado El idioma de los argentinos y otro de José Edmundo Clemente, El idioma de Buenos Aires. Aparece la segunda edición de El Aleph, con nuevos cuentos.


1953
En París, Roger Caillois traduce con el nombre de Labyrinthes algunos cuentos de El Aleph. Borges es elegido miembro de la Academia Argentina de Letras y publica El Martín Fierro, ensayo que tiene una segunda edición dentro del año. Bajo el cuidado de José Edmundo Clemente, la editorial Emecé comienza a publicar sus Obras Completas.


1954
Leopoldo Torre Nilson dirige el film "Días de odio", basado en el cuento Emma Zunz.


1955
Tras un cruento golpe militar ultraliberal contra el gobierno peronista, Borges es elegido director de la Biblioteca Nacional. En diciembre es designado miembro de la Academia Argentina de Letras. Publica Los orilleros, El paraíso de los creyentes, Cuentos breves y extraordinarios, Poesía gauchesca, La hermana Eloísa y Leopoldo Lugones. Se lo confirma en la cátedra de Literatura Alemana y, luego, como director del Instituto de Literatura Alemana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. La revista Ciudad le dedica un volumen crítico y bibliográfico sobre su obra. Aparece Ficciones en italiano, bajo el título La Biblioteca di Babele. Tras varios accidente y algunas operaciones, un oftalmólogo le prohíbe leer y escribir. Aunque aún distinguía luces y sombras, esta prohibición cambia profundamente su práctica literaria.


1956
Es nombrado catedrático titular en la Universidad de Buenos Aires y recibe un doctorado honoris causa de la Universidad de Cuyo. En Montevideo critica ásperamente al peronismo depuesto y defiende a la Revolución Libertadora.Publica la segunda serie de la antología Los mejores cuentos policiales.


1957
Publica en México Manuel de zoología fantásica. Reaparece, bajo su dirección, la segunda época de revista La Biblioteca. Aparecen el sexto y séptimo volúmenes de las Obras Completas.Otras inquisiciones es traducido al francés bajo el título Enquétes.



1958
Hace una nueva actualización de sus Poemas. Publica en el diario La Nación el poema Límites.


1959
Aparecen más traducciones: Labyrinthe (al alemán) y una selección al italiano de cuentos de El Aleph y Ficciones: L'Aleph.


1960
Se vincula con el Partido Conservador y aparece El hacedor, una colección de textos breves y poemas dedicada a Leopoldo Lugones. En colaboración con Bioy Casares edita la antología Libro del cielo y del infierno. Salen los volúmenes octavo y noveno de las Obras Completas.

1961
Comparte con Samuel Beckett el Premio Internacional de Literatura (10 mil dólares), otorgado por el Congreso Internacional de Editores en Formentor, Mallorca. Este importante galardón lo promueve internacionalmente y le ofrece la posibilidad de ser traducido a numerosos idiomas. Es condecorado por el presidente de Italia, Giovanni Gronchi, con la Orden de Commendatore. Aparece su Antología personal, editada por Sur. Viaja junto a su madre a Estados Unidos, invitado por la Universidad de Texas y por la Fundación Tinker, de Austin. Allí da conferencias y cursos sobre literatura argentina durante seis meses. En Nueva York sale una antología de sus cuentos, titulada Labyrinths; en alemán aparece Historia universal de la infamia.

1962
Recibe en Buenos Aires el Gran Premio del Fondo Nacional de las Artes. Finaliza una biografía sobre el poeta Almafuerte. Recibe la insignia de Commandeur de l'Ordre des Lettres et des Arts del gobierno de Francia. Se estrena el film "Hombre de la esquina rosada", que dirige René Mugica sobre el cuento homónimo.

1963
En compañía de su madre, viaja a Europa y ofrece numerosas conferencias. Regresa a Buenos Aires y termina una antología sobre Carriego. Se traducen al alemán El Hacedor y sus Poesías (1923-53); al italiano, L'Artifice y, al sueco, La biblioteca de Babel. En diciembre es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de los Andes, en Colombia.

1964
El gobierno peruano le otorga la Orden del Sol en el grado de Comendador. Invitado por el Congreso por la Libertad de la Cultura, asiste en Berlín a un congreso internacional de escritores. En la Unesco participa de un homenaje a Shakespeare. Visita Inglaterra, Suecia y Dinamarca, acompañado por María Esther Vázquez. La revista francesa L'Herne le dedica un número especial monográfico de homenaje, con numerosas colaboraciones nacionales y extranjeras. Aparecen más obras suyas traducidas al alemán, al francés y al inglés.

1965
Viaja a Perú, acompañado por María Esther Vázquez. Recibe de Gran Bretaña la insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico, donde se le otorga el título de Sir. Recibe la medalla de oro del IX Premio de Poesía de la ciudad de Florencia. Con la colaboración de María Esther Vázquez, publica Introducción a la literatura inglesa. Viaja, junto con Esther Zemboraina, a Colombia y a Chile. Se conocen las traducciones al francés de Antiguas literaturas germánicas y de Manual de zoología fantástica; al alemán, de Historia de la eternidad.

1966
Con la colaboración de María Esther Vázquez, publica Literaturas germánicas medievales. La comuna de Milán le entrega el Premio Internacional Madonnina. La Fundación Ingram Merril de Nueva York le concede su premio literario (5 mil dólares). Aparecen versiones en francés y alemán de Discusión. Asume la cátedra de Literatura Inglesa en la Universidad Católica Stella Maris de Mar del Plata.

1967
Publica Introducción a la literatura norteamericana, en colaboración en Esther Zemborain y Crónicas de Bustos Domecq, con Bioy Casares. Se editan sus milongas y tangos con el título Para las seis cuerdas, ilustrado por Héctor Basaldúa. Se conoce su cuento La intrusa. Se casa con Elsa Astete Millán. Viaja a Estados Unidos con su mujer y es profesor de poesía de la Universidad estadunidense de Harvard, invitado por la Fundación Charles Eliot Norton.

1968
Es nombrado miembro de la Academia de Artes y Ciencias de los Estados Unidos. Brinda conferencias en Chicago y regresa a Buenos Aires. En colaboración con Margarita Guerrero publica una ampliación del Manual de zoología fantástica
bajo el título de El libro de los seres imaginarios. Aparece su Nueva antología personal. Viaja a Santiago de Chile para asistir al Congreso de Intelectuales Antirracistas. Viaja a Europa y luego a Israel para pronunciar algunas conferencias. El director Hugo Santiago dirige la película "Invasión", con argumento de Bioy y Borges. Recibe del gobierno de Italia las insignias de Gran Oficial de la Orden al Mérito de la República Italiana.

1969
Ordena y corrige dos libros de poemas: El otro, el mismo y Elogio de la sombra, que logra dos ediciones dentro del año. Con ilustraciones de Antonio Berni, aparece su traducción y antología de Hojas de hierba, de Walt Whitman. Se traduce al alemán Seis problemas para don Isidro Parodi, una selección poética al italiano, Carme presunto e altre poesie, y al portugués, Nueva antología personal. Invitado por la Universidad de Oklahoma, viaja a los Estados Unidos.

1970
La Fundación Bienal de San Pablo (Brasil) le otorga el Premio Interamericano de Literatura 'Matarazzo Sobrinho' (25 mil dólares), el más importante del país, durante el Primer Seminario de Literatura de las Américas. En agosto, después de algunos años, reúne nuevos cuentos en El informe de Brodie. Se traduce al inglés El Aleph y otros cuentos, editado por Dutton, con una interesante autobiografía. Se divorcia de su mujer, Elsa Astete. Se lo nombra miembro de la 'The Hispanic Society of America', Nueva York.




1971
Viaja a Estados Unidos para recibir los nombramientos de la American Academy of Art and Letter de Nueva York y del Instituto de Artes y Letras de Estados Unidos (INAL) como miembro honorario de ambas instituciones. Lo acompaña su traductor Norman Thomas di Giovanni. En Israel recibe el Premio de Jerusalén (2 mil dólares). Visita Islandia y Escocia. Es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Columbia, Nueva York. En abril viaja a Londres, invitado por el Instituto de Arte Contemporáneo que lo incorpora como miembro de su cuerpo docente. La Universidad de Oxford le confiere el título de doctor honoris causa como Doctor en Letras. Publica en Buenos Aires el cuento largo titulado El Congreso.

1972
Viaja a Estados Unidos para recibir el doctorado honoris causa en Humanidades por la Universidad de East Lansing, Michigan. Recorre ese país pronunciando conferencias en diferentes universidades. Vuelve a Buenos Aires y publica el libro de poemas El oro de los tigres. Aparecen más traducciones de sus obras al inglés, al italiano, al francés y al polaco. Para su cumpleaños, el 24 de agosto, se publica en forma privada un cuento titulado El otro. En septiembre se lo nombra miembro del Museo Judío de Buenos Aires.


1973
La Municipalidad de Buenos Aires lo declara ciudadano ilustre. Se retira de la Biblioteca Nacional pidiendo la jubilación. Viaja junto con Claude Hornos de Acevedo a España y México, donde recibe el Premio Internacional Alfonso Reyes.

1974
Reúne por primera vez en un volumen sus Obras Completas, editadas por Emecé. En Milán, Franco María Ricci publica el cuento El congreso en una edición lujosísima con letras de oro.


1975
Publica el libro de poesía La rosa profunda y El libro de arena, de relatos. Se estrena "El muerto" sobre un cuento homónimo, película dirigida por Héctor Olivera. Se publica Prólogos. A la edad de 99 años fallece su madre, Leonor Acevedo de Borges. María Kodama se convierte en secretaria y acompañante de sus viajes. Junto con ella, viaja a Estados Unidos.


1976
Bajo la dictadura de Videla, publica La moneda de hierro, que contiene versos y prosa y ¿Qué es el budismo?. En Michigan, Estados Unidos, dirige un seminario sobre literatura argentina. Recibe el título de doctor honoris causa de la Universidad de Cincinatti. Da conferencias en varias ciudades de ese país. El gobierno chileno lo condecora con la Gran Cruz de la Orden al Mérito Bernardo O´Higgins. Visita España, invitado para participar en un programa de televisión. Viaja a Chile, donde recibe el título de doctor honoris causa por la Universidad de Santiago. Participa, junto con otros intelectuales, de una entrevista con el general Videla reclamando por los arrestos clandestinos.


1977
Viaja a Italia, invitado por el editor Franco María Ricci; además, visita París y Ginebra. Recibe el título de doctor honoris causa por la Universidad de La Sorbona. Le otorga el mismo título la Universidad de Tucumán. Se encuentra en Milán con el poeta italiano Eugenio Montale, premio Nobel de Literatura del año 1975. Publica Nuevos cuentos de Bustos Domecq y un libro de poemas dedicado a la memoria de su madre y a María Kodama.


1978
Viaja a México, invitado por la televisión italiana. Es declarado ciudadano meritorio de Bogotá. Viaja a Ginebra y Egipto junto con María Kodama.


1979
La Academia Francesa lo distingue con una medalla de oro. Recibe la Orden al Mérito de la República Federal Alemana y la Cruz Islandesa del Halcón en el grado de Comendador con estrella. Se le hace un homenaje nacional en el Teatro Cervantes, con motivo de cumplir los ochenta años. Viaja con María Kodama a Japón. Aparece el tomo Obras Completas en colaboración. Sufre una intervención quirúrgica.

1980
Recibe el Gran Premio de la Academia Real Española, el Miguel de Cervantes (5 millones de pesetas), otorgado por el Ministerio de Cultura de España. Lo comparte con el poeta español Gerardo Diego. Recibe en París el premio Cino del Duca (200 mil francos). Publica los ensayos del ciclo de conferencias Siete noches. Junto con otras personalidades, publica una Solicitada sobre los desaparecidos en el diario Clarín.






1981
Sandro Pertini, presidente de Italia, le entrega el premio Balzan (140 mil dólares). Viaja a Estados Unidos, Puerto Rico y México, donde recibe el premio Hollín Yoliztli (70 mil dólares). Publica el libro de poemas La cifra.

1982
Cuando Argentina entra en guerra con Gran Bretaña por la posesión de las Islas Malvinas, Borges publica Nueve ensayos dantescos, digresiones metanarrativas sobre La Divina Comedia. Este año, Borges (que había sido condecorado por el dictador chileno, Pinochet) comienza a formular críticas públicas a la junta militar argentina. Viaja a Estados Unidos, Alemania y pasa por Ginebra. Escribe el poema homenaje a los caídos en la Guerra de Malvinas, Juan López y John Ward.

1983
En su última visita a España, recibe la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio y participa en los cursos de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. En París, el presidente Miterrand le hace entrega de la Legión de Honor. Recoge en Estados Unidos el premio de la Fundación Ingersoll (15 mil dólares). En Argentina, al mismo tiempo que comienza la democratización de la mano de Raúl Alfonsín, Borges publica en Buenos Aires la serie de cuentos 25 de Agosto, 1983.

1984
En Sicilia recibe una rosa de oro como homenaje y símbolo de la sabiduría. Visita Grecia. Vuelve a Estados Unidos, donde el editor italiano Ricci le entrega 84 libras esterlinas de oro, una por cada año de vida. Viaja a España y Portugal. Su salud declina. Vuelve a Italia, recibe de manos del presidente Pertini la Gran Cruz de la Orden al Mérito. Va a Marruecos y a Lisboa, donde es condecorado.

1985
Viaja a Italia y a Estados Unidos, donde estrenan un ballet sobre un cuento suyo. A principios de diciembre decide partir desde Buenos Aires a Roma, pero debe posponer el viaje por sentirse enfermo. Pasa fin de año en Ginebra. Publica su último libro, Los conjurados. En noviembre, una biopsia detecta un cáncer de hígado.


1986
A fines de enero es internado en el Hospital Cantonal de Ginebra. Se desmiente que esté enfermo. Se casa con María Kodama. El 14 de junio muere en Ginebra, según la prensa europea, de enfisema pulmonar; según su apoderado en la Argentina, de cáncer de hígado. Es enterrado, a pedido de él, en el cementerio de Plain Palais, en la calle de los Reyes Nº 10.





Citas

"A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire."
"Antes las distancias eran mayores porque el espacio se mide por el tiempo."
"Creo que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos."
"Cuando uno escribe, el lector es uno."
"¿De qué otra forma se puede amenazar que no sea de muerte? Lo interesante, lo original, sería que alguien lo amenace a uno con la inmortalidad."
"Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística."
"Deporte: yo creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganara."
"Dicen que soy un gran escritor. Agradezco esa curiosa opinión, pero no la comparto. El día de mañana, algunos lúcidos la refutarán fácilmente y me tildarán de impostor o chapucero o de ambas cosas a la vez."
"El ejecutor de una empresa atroz debe imaginar que ya la ha cumplido, debe imponerse un porvenir que sea irrevocable como el pasado."
"El infierno y el paraíso me parecen desproporcionados. Los actos de los hombres no merecen tanto."
"El tema de la envidia es muy español. Los españoles siempre están pensando en la envidia. Para decir que algo es bueno dicen: "Es envidiable"."
"El tiempo es el mejor antologista, o el único, tal vez."
"El tiempo es la materia de la que he sido creado."
"Estoy solo y no hay nadie en el espejo."
"Gracias por la música, misteriosa forma de tiempo."
"Hay comunistas que sostienen que ser anticomunista es ser fascista. Esto es tan incomprensible como decir que no ser católico es ser mormón."
"Hay que tener cuidado al elegir a los enemigos porque uno termina pareciéndose a ellos"
"He cometido el peor pecado que uno puede cometer. No he sido feliz."
"He sospechado alguna vez que la única cosa sin misterio es la felicidad, porque se justifica por sí sola."
"La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica."
"La duda es uno de los nombres de la inteligencia."
"La felicidad no necesita ser transmutada en belleza, pero la desventura sí."
"La historia es una forma más de ficción."
"La literatura no es otra cosa que un sueño dirigido."
"La muerte es una vida vivida. La vida es una muerte que viene."
"La paternidad y los espejos son abominables porque multiplican el número de los hombres."
"La Universidad debiera insistirnos en lo antiguo y en lo ajeno. Si insiste en lo propio y lo contemporáneo, la Universidad es inútil, porque está ampliando una función que ya cumple la prensa."
"Las mujeres me han hecho desdichado. Pero la felicidad que he obtenido compensa toda la desdicha. Es mejor ser feliz y desdichado que no ser ninguna de las dos cosas."
"Las tiranías fomentan la estupidez."
"Lo cierto es que vivimos postergando todo lo postergable; tal vez todos sabemos profundamente que somos inmortales y que tarde o temprano, todo hombre hará todas las cosas y sabrá todo."
"Me gustaría ser valiente. Mi dentista asegura que no lo soy."
"No eres ambicioso: te contentas con ser feliz."
"Ordenar bibliotecas es ejercer de un modo silencioso el arte de la crítica."
"Para el argentino, la amistad es una pasión y la policía una mafia."
"Que cada hombre construya su propia catedral. ¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?"
"Que el cielo exista, aunque nuestro lugar sea el infierno."
"Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones."
"Recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres."
"Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal."
"Sentí lo que sentimos cuando alguien muere: la congoya, ya inútil, de que nada nos hubiera costado ser más buenos."
"Si de algo soy rico es de perplejidades y no de certezas."
"Si uno siente que la tarea literaria es misteriosa... entonces uno puede esperar mucho, ya que uno no es responsable."
"Siempre he sentido que hay algo en Buenos Aires que me gusta. Me gusta tanto que no me gusta que le guste a otras personas. Es un amor así, celoso."
"Sólo aquello que se ha ido es lo que nos pertenece."
"Sólo una cosa no hay. Es el olvido."
"Sólo los dioses pueden prometer, porque son inmortales."
"Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos."
"También el jugador es prisionero de otro tablero de negras noches y de blancos días.
"Todas las palabras fueron alguna vez un neologismo."
"Todas las teorías son legítimas y ninguna tiene importancia. Lo que importa es lo que se hace con ellas."
"Uno está enamorado cuando se da cuenta de que otra persona es única"
"Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe."
"Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La divina comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente."
"Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón"
"Yo, a diferencia de otros escritores, no me jacto de lo que escribo sino de lo que leo." 


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LA BIBLIOTECA DE BABEL

Jorge Luis Borges

 

 

 

El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono: transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.

Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.

A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro; esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo descubrimiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.

El primero: La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo colorario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los demiurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.

El segundo: El número de símbolos ortográficos es veinticinco. Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras MCV perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice «Oh tiempo tus pirámides». Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos no es del todo falaz.)

Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables MCV no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de MCV en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.

Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior dio con un libro tan confuso como los otros, pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basilides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.

Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.

También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.

A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.

Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.

También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total; ruego a los dioses ignorados que un hombre - ¡uno solo, aunque sea, hace miles de años! - lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, Tu enorme Biblioteca se justifique.

Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablan (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula «Trueno peinado», y otro «El calambre de yeso» y otro «Axaxaxas mlo». Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos, y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?).

La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana - la única - está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.

Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar, lo cual es absurdo. Quienes la imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza.

 

FIN

Nominado al “PREMIO IBEROAMERICANO 2009”
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